jueves, 15 de noviembre de 2007

SERMÓN DE .LA MONTAÑA (II). SERMÓN DEL LLANO


EL SERMÓN DEL LLANO
4. La redacción de Lúcas (6, 20-49)
La crítica intenta buscar los logia antiguos que sirvieron a los evangelistas Mateo y Lucas para escribir sus respectivo textos.
Nos encontramos con dos redacciones distintas. La de Mateo cc. 5-7 y la de Lucas mucho más reducida 6, 20-49. Mateo nos dice que Jesús subió al monte y predicó a una gran muchedumbre y a sus discípulos. Lucas por el contrario dice que Jesús, yendo con sus discípulos y una gran multitud se detuvo en un llano y empezó a predicar.
Estructura del mensaje de Lucas
En Lucas el discurso va dirigido a los discípulos y a la muchedumbre que le siguen. Lucas escribe su evangelio para los cristianos provenientes del paganismo. Jesús se presenta en Nazaret como el Mesías, hace muchos milagros y elige a los primeros discípulos. (Lc. 4, 12-16). En este contexto según Lucas se pronuncia el sermón de la montaña ante los discípulos y una gran multitud que ha ido a oír su palabra y a buscar la curación de sus enfermedades.
Comienza Jesús con las bienaventuranzas con pequeñas diferencias de Mateo:
Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (20). En Mt. 5, 3). Para Lucas se trata de los verdaderos pobres y hambrientos, y aque no habla de pobres de espíritu.
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados (21). En Mt. 5, 6.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis (21). En Mt. 5, 5.
Bienaventurados seréis, cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Porque de este modo trataron a sus padres los profetas. En Mt. 5,11-12.
Continúan las maldiciones a los ricos, a los que ríen y a los maledicientes. Se trata de unas maldiciones, que no se pueden entender en un sentido literal, sino más bien hiperbólico. Jesús quiere indicar las exigencias cristianas del desprendimiento y condenación del apego a las riquezas y de la egolatría del dinero, como fin primario.
Dicen los exegetas que Lucas es más radical que Mateo en el aspecto de la pobreza.
Para Lucas los apóstoles lo dejaron todo (5, 11, 28.
Los enviados por Jesús a la misión no deben llevar ni alforja ni sandalias.
Lucas pide que se vendan las posesiones y se repartan entre los pobres.
La comunidad de bienes de la comunidad de Jerusalén es contada (por Lc. Act. 2, 44; 4, 32, 35).
Se anuncia a los pobres la buena nueva (Lc. 7, 22; Mt. 11, 5) tomado de Is. 61, 1). Pero ¡ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. Vide Isaías 5, 8-25)
¡Ay de vosotros lo que ahora estás hartos!, porque tendréis hambre..
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto (¡Cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de este modo trataron vuestros padres, a los falsos profetas..
Trata de una manera muy amplia del amor a los enemigos Lucas como Mateo en el amor a los enemigos, como exigencia fundamental del cristianismo, ya que el mundo pagano, con excepciones, no podía concebirse el perdón a los que nos maltratan e injurian y la renuncia a la violencia y a las represalias. Vuelve a aparecer el sentido hiperbólico, cuando nos pide que pongamos la otra mejilla o que demos la túnica, si nos quitan el manto, con la que quiere enseñarnos la negación a la violencia y a la represión. Las resonancias éticas de Jesús son claras como fundamento del amor: Amar y darse sin esperar ninguna recompensa.
Las exigencias son verdaderamente radicales y en algunos aspectos hiperbólicas, pero expresan el ethos cristiano no sólo del amor a los enemigos, sino del perdón a ellos mismos
Las exigencias cristianas están en el amor y una de ellas es el perdón. Es necesario estar dispuestos a dar sin recibir
Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os maltraten. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Da a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que los hombres os hagan, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿Qué mérito tenéis?. Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿Qué merito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto.!. Si prestáis a aquellos de quienes, esperáis recibir ¿Qué merito tenéis? También los so pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio, y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno con los ingratos y los perversos (27- 36)
El discurso se articula a continuación, hablando de la misericordia y de la beneficencia. El amor es misericordioso, no juzga, no condena, y es dadivoso.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida hasta rebosar, pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis, se os medirá a vosotros (36-39)
A continuación nos habla de la actitud del discípulo:
La actitud del discípulo es dejarse guiar por el maestro. De una manera simbólica, por medio de la brizna y la viga, nos habla de la corrección fraterna, que tiene que ir acompaña de la actitud ejemplar del corrector. Jesús a continuación habla del testimonio que tiene que dar el discípulo con el ejemplo del árbol que da buenos frutos. Interioriza el interior de la persona, ya que de lo más íntimo de su corazón es de donde nace lo bueno y lo malo

Les añadió una parábola: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?. El discípulo no está por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como un maestro. ¿Cómo es que miras la brizna en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo, no viendo tú la viga que hay en el tuyo. Hipócrita, saca la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.

Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno, Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno y el malo saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca ((39-46